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Un lector activo al que no se le ha de colar el gato

07/01/2010

C’est fini, la última entrada sobre Los elementos del periodismo. Esta vez sobre el octavo epígrafe, “Compromiso y relevancia”.

La premisa es que los lectores no deciden ver únicamente infotenimiento (infotainment), sino que la pereza, la falta de recursos (el más importante de ellos, el tiempo) y los criterios económicos hacen que esta modalidad, por su bajo coste, inunde los programas informativos y asedien a la audiencia.

Los lectores pierden capacidad de atención y los medios, autoridad. Si bien es cierto que las nuevas tecnologías ayudan a comprender y memorizar los hechos, ¿de qué sirve si sólo se sirven noticias banales? Basta con entrar a algunos portales o ver las noticias en la televisión. Reto a cualquiera que no encuentre un día una noticia banal o, pero aún, elitista.

Pero, como resaltan los autores, el lector es activo, no pasivo. Vamos, que los periodistas también son escritores y tienen su público, el cual tiene su “linterna propia”, como dice Enrique Vila-Matas.

Así pues, ¿cómo enganchar al lector? En mi opinión, basta con hacer un periodismo más humano. La pirámide invertida es un invento del pasado, de cuando se enviaban las noticias por telegrama y no se estaba seguro de que las últimas líneas fueran a llegar. Expulsa al lector, y convierte la noticia en un texto de poco valor humano.

Hay que apostar por el reportaje, por encontrar las notas de color en la noticia, por narrarla de forma expresiva, que atraiga y atrape.

Pero también hay que tener cuidado con querer lucirse demasiado y desvirtuar el relato incluyendo lo que nos gustaría para que fuese perfecto. No se debe alterar nada, puesto que un nuevo periodismo debe seguir siendo periodismo.

Que no se nos cuele el gato. La falta de veracidad destruye esas mismas historias que queremos contar y con las que debemos hacer reflexionar.

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Elige, blanco o negro

06/01/2010

Esta es la cuarta entrada sobre cinco capítulos del libro Los elementos del periodismo. En este caso, trata sobre el séptimo capítulo, “El periodismo como foro público”.

Llama la atención el fenómeno simplificador de las nuevas tecnologías. Como defendió Michael Crichton, la tendencia a polarizar el debate en dos posiciones totalmente enfrentadas a las que hay que adscribirse (excluyendo todo término medio) expulsa a la audiencia, hace que ya no sienta suyo el debate. A esto lo llamó, en un artículo, el Síndrome del Fuego Cruzado (Crossfire Syndrome). Se trata de un fenómeno propio de internet sacado de los chats, como también defiende.

Y es que, como defiende Deborah Tannen en su libro “La cultura de la polémica“, en la cultura occidental siempre se ha dado este tipo de discurso agresivo, que acerca toda discusión más al terreno de las disputas hogareñas que a una búsqueda de problemas real.

No ayuda la cantidad de programas de debates espurios que parecen la norma en vez de una aberración, y los ataques ad hominem se multipliquen, argumentos maniqueos sin base lógica, otra que la falta de verdaderos argumentos.

¿Cómo invertir esta tendencia? ¿Cómo evitar que los propios argumentos, y no la verdad, se conviertan en la base para estas reyertas callejeras o trifulcas de patio de colegio? Periodistas más activos.

Los autores defienden que ser un periodista independiente no entraña ser indiferente ante las tertulias que, por lo barato y poco veraz, contaminan el espacio informativo en la actualidad. Un periodista indiferente no es diferente de aquel periodista nihilista del que ya hemos hablado. El periodista pasivo de Mario Muchnik que, en este caso, ante la inmediatez y facilidad con que se conecta a las diversas partes gracias a las nuevas tecnologías, decide sentarse a ver que pasa, y reñir si la sangre llega (literalmente) al río.

El periodismo de verdad ha de hacer reflexionar e informar sobre asuntos que conciernen realmente. La importancia de un periodista con un papel activo, mediador, que sepa destapar las argucias y esclarecer la verdad de los argumentos, lejos de haber desaparecido, ha aumentado.

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¿Periodista o escritor?

05/01/2010

Un periodista ha de encontrar las fuentes para verificar la información que plasma en sus informaciones. Es un trabajo pesado y, a veces, infructuoso, que puede mermar el trabajo de un artículo y convertir lo que habría podido ser un gran reportaje en una breve noticia insustancial. Además, moverse por ahí, hablar con gente, decir lo que ya se ha dicho mil veces… Si ya casi me sé lo que va decir fulanito de menganito.

Pensemos en ahorrar trabajo. ¿Qué tan si me invento a fulanito, menganito, y escribo una buena noticia de una vez? El tema está ahí, es de actualidad, y en realidad puede que no esté inventando, sino”cambiando nombres”. Juguemos a inventar. Y si piden pruebas, ¡les daré pruebas! Las fabricaré…

Así debió comenzar Stephen Glass, redactor de The New Republic. Y no acabó bien.

Sus fuentes eran geniales. Casi fidedignas. Casi no parecían copias. El problema es que no eran reales, ni los eran las noticias, ni casi nada, salvo los lugares y el tema, que siempre estaba de actualidad. Desafían toda clasificación ya que eran “no-fuentes”, lo mismo que un no-muerto no es un vivo, aunque en cierto sentido tenga semblanza de ello. Si lo miras de lejos. Con los ojos entornados.

Eso debió hacer la redacción de TNR, que no se molestaba en contrastar la información que publicaban sus empleados.  La organización redaccional era la típica, vertical, con un director y consejo editorial, redactores jefe, redactores, editores, etc…

El problema es que no sólo las faltas han de corregirse, sino comprobar las fuentes y hace falta en esta profesión más ética que imaginación. El caso revela otro problema, y es que leemos todo a pies juntillas, y nos creemos lo que nos conviene o creemos “típico”. Si bien hay mucho trabajo para el periodista (en la redacción, que no me drogo) como para vigilar lo que publica el resto, de una forma metódica.

Pero lo cierto es que un examen aleatorio habría descubierto mucho antes a este pseudoperiodista, buen escritor y de labia indiscutida.

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Una fuente reticente

05/01/2010

Jeffrey Wigand no era una fuente fácil. Reticente, dubitativo. Se jugaba el futuro, pero debía informar del daño que causaba el tabaco. Trabajaba para Brown & Williamson una (por suerte) extinta empresa tabacalera. Hasta él llegaba Lowell Bergman, periodista de la CBS, del programa 60 minutes, guiadoesta vez por un documento anónimo (al contrario que en el caso Watergate, en el que una fuente anónima lleva a descubrir varios documentos).

Pese a muchas reticencias, Wigand le concede una entrevista, que la CBS se niega a transmitir, debido a las presiones financieras (una posible fusión con la compañía tabacalera). He aquí un ejemplo del poder de “empresa” sobre el binomio “empresa periodística” del que ya hemos hablado en otras ocasiones. La redacción, pues, tiene a alguien por encima, ajeno a los criterios peridísticos. Es el control de los medios de comunicación, subyugados por los criterios económicos.

Se trata de un caso paradigmático que muestra la evolución del periodismo según han crecido los grandes conglomerados de la información. De propietarios individuales, con más libertad, hemos pasado al control directo por parte de poderes ajenos con ética distinta a la que debería tener un periodista.

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No sólo Garganta Profunda

05/01/2010

En el caso Watergate, la fuente más importante, sin duda alguna, para Woodward y Bernstein fue Graganta Profunda, Mark Felt. Se trataba de una fuente anónima y algo vciada, pues, como declaró Woodward, “sólo sentía desprecio” hacia la administración de Nixon, y actuó movido por su sentido del deber. Sin embargo, sus confidencias llevaban a pruebas tangibles, documentales, que era la base casi jurídica de esta acusación a Nixon.

La organización de la redacción en el Washington Post era clásica, vertical, en la que el director Ben Bradlee, reunido con el consejo editorial, decidía cuales iban a ser las noticias del día. Sin embargo, su relación especial, directa, con los dos famosos periodistas permitía una gran flexibilidad.

Pese a toda la parafernalia hollywoodiense de fuentes anónimas, códigos secretos y reuniones propias de una película de espías, el afán del director por presentar sólo pruebas tangibles, documentales, fue la clave para construir un reportaje de investigación modélico. Y esas fuentes documentales es de lo que va realmente el periodismo de verdad, no los rumores vagamente soslayados.

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La guerra es paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es poder.

05/01/2010

El Gran Hermano te vigila.

Después de leer el sexto capitulo de Los elementos del periodismo, “Vigilar y dar voz al que no la tiene”, no puede uno sino pensar en que, cada vez más, el propio periodsimo ha de ser vigilado.

La creación de grandes conglomerados empresariales, que absorben empresas informativas resta mucha credibilidad y libertad de acción al periodista. ¿Para qué tirar piedras contra tu propio tejado? La información que transmitan, por tanto, corre gran riesgo de estar, si no viciada, cuidadosamente “seleccionada”.

Como los autores adelantan, la tecnología ayuda a vigilar tanto a los organismos públicos como a los medios de comunicación, incluso permie competir con ellos. Sin embargo, es paradójico que un periodista vigile a otro ¿no?

Parece que el periodista independiente es cosa del pasado, pero existen tímidas y embrionarias iniciativas, como TomPaine.com, que, sin afán de lucro, investiga lo que los medios comerciales dan de lado, o la Fund for Investigative Journalism, que otorga becas a aquellos periodistas freelance que no estén amparados por una gran empresa informativa. El problema de estos métodos es que son sin afán de lucro y/o dependen de subvenciones filantrópicas. Véase: nada que ver con el mercado. El flujo de capital puede cortarse y dejar el periodismo de investigación de verdad, el crítico, aquel que vigila las injusticias de los gobiernos, en la estacada.

El Campaign Study Group, de Dwight Morris, investiga campañas electorales y temas políticos y económicos varios en profundidad para otros medios, de los que se lucra, pero se trata de un servicio muy especializado que no garantiza la independencia para la  matoría de periodistas.

Además, ambas soluciones necesitan del interés de la opinión pública y, para que llegue a ella, de los medios comerciales de los que estas medidas huyen. Y, si despiertan el suficiente interés, bien pueden verse absorbidas y volver al redil, a la dictadura del capital.

Mientras los grandes medios opten por mirarse el ombligo y emplear infoentretenimiento en aras de la audiencia y las tímidas iniciativas en aras de la independencia periodística no terminen de cuajar la independencia del periodismo tiene un futuro muy negro.

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¡Divorcio ya!

30/12/2009

Prosigo con el análisis de otro capítulo de Los elementos del periodismo, esta vez “Periodismo de verificación”. Este epígrafe sigue desarrollando la idea de un lector activo, no pasivo, que juzga las informaciones suministradas por los periodistas, y que sabe que estas raramente vislumbran la verdad, ni siquiera parte de ella.

Para recuperar la confianza del lector, los autores defienden la idea de objetividad. No del propio periodista (ya que, como señalan, ese “lenguaje neutro” que se emplea para dar tintes de veracidad a una historia sólo ayuda a enmascarar la verdad), sino de su método de obtención de información.

Entre otras medidas, sugieren tratar tanto al lector como a las propias fuentes de forma honesta, hacer saber de dónde se ha obtenido la información y si esta fuente sería interesada, no añadir nada ni incluir comentarios espurios…

También evoca una noción interesante con respecto a las nuevas tecnologías, como internet, y es que una vez una información sale a la luz, se multiplica en el resto de medios, medios que no se molestan en verificar si es cierta. Esta rama de la infoxicación hace más fácil el engaño. Como ejemplo, este artículo, totalmente falso. Frente a estos peligros, los autores llegan a la misma conclusión que Alfons Cornella en su escrito “Cómo sobrevivir a la infoxicación”: El periodista ha de ser cada vez más crítico, juzgar siempre la información y no convertirse en un receptor pasivo más que un emisor.

Los autores parten de que el periodista efectúa una labor social, informar. Todos los medios deberían aplicarlo. El problema es que los periodistas efectúan esa labor social ateniéndose a una serie de factores que lo condicionan. No puede trabajar sin recibir dinero a cambio (en eso se basa el capitalismo). Si un periodista estubiera sufragado por algún gobierno, dudaríamos (y con razón) de la objetividad de sus escritos.

Igual pasa con las grandes empresas de medios. Éstos tienen sus intereses, que son ganar dinero de forma rentable: intereses económicos, no sociales. No son diferentes de las naciones y gobiernos, que se declaran la guerra y atacan entre ellos empleando, para ello, sus peones, los redactores. La tesis de los autores de Los Elementos… es que aumentar la calidad sustenta el periodismo, pero… ¿Hemos preguntado a nuestros allegados si compran el periódico?

Yo sí, y la mayor parte de las respuestas se pueden sintetizar en un “yo consulto la edición online, y sólo leo los titulares”.  Además, ya sabemos que cada uno compra su periódico, afín a su ideología. Desde el punto de vista  de un empresario, ¿qué se obtiene gastando más recursos y tiempo que la competencia verificando información?

Exacto, no obtienes nada. Haría falta una revisión general de la práctica del periodismo, pero, sujeto a unas directrices ajenas, éste no puede evolucionar. Parece que debamos dejar el buen periodismo en manos de voluntarios, más interesados por dar la información que por comer al día siguiente.