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Kapuscinski y el Emperador

05/05/2010

Hoy, en el II Seminario Internacional Ryszard Kapucinski, se ha realizado un breve análisis de una de sus obras más laureadas, El Emperador, en la conferencia, apropiadamente titulada “Análisis del Emperador”, concretamente en la primera parte, “Perspectiva socio-política y literaria”.

La doctora Agnieska Flisek, profesora de la Universidad de Varsovia y secretaria del finado periodista entre 2003 y 2007, ha rememorado una conversación que tuvo con él a propósito de la neutralidad del tono de la obra. Debido al desencanto por fracaso de la revolución comunista y el férreo control de la prensa por parte del Partido Comunista, la objetividad, el tono neutro, era la mejor forma de criticar el totalitarismo.

Hailey Selassie se rodeaba de favoritos y colaboradores poco brillantes, pero extremadamente fieles, escondía la pobreza del pueblo tras faraónicos proyectos, y controlaba totalmente la prensa del país, una prensa de tiradas ínfimas, unas características extrapolables a otros regímenes totalitarios, dictatoriales, a lo largo de la historia. Y, entre ellos, el régimen comunista en Polonia. Para la doctora, El Emperador como alegoría de la situación polaca y, por extensión, en todo el bloque soviético. Como afirma Flisek, “la peculiaridad de El Emperador es el abandono de la precisión factográfica y tener un mayor sentido sentido parabólico”.

La doctora destaca rasgos más estilísticos. En especial la carencia de referencia física de los entrevistados: ni  descripciones, ni fotos, Kapuscinski ni siquiera ofrece nombres, lo que su ex-secretaria considera que crea una narración pura, “líquida”. El periodista da voz a los antiguos cargos, importantes e insignificantes, ahora todos obsoletos, y “sus voces están teñidas de nostalgia, parecen llegar de esos tiempos remotos, en esa ciudad, en otro planeta que ya se ha alejado”. La doctora destaca lo absurdo de los puestos y tradiciones diarias en la corte: el “sinsentido” de sus actos “cae en la comedia negra”. También llama la atención sobre el lenguaje barroco de la lengua que emplean los entrevistados, “una lengua que cada vez más se enrosca sobre sí misma”.

Le ha seguido Rubén Darío Torres, profesor de la UNED, que ha reflexionado sobre la naturaleza misma del seminario, sobre juntar  una profesora y a un politólogo: “los significados, más allá de las categoría científicas donde nos movemos, son los mismos.”

Llama la atención sobre la fragmentación el texto “podemos decir que es un gran collage”. “Disecciona y muestra los mecanismos de la política”, con lo cual, son extrapolables”. Para demostrarlo, defiende que los recursos de un rey, de una dictadura personalista, no se diferencian de los de presidente de gobierno autócrata dentro de un sistema de gobierno democrático “como la Italia de Berlusconi”.

Pero no se va tan lejos, en este mismo país encuentra una clara alegoría del control mediático de Selassie. Si el emperador controlaba las publicaciones destinadas a los escasos 30.000 lectores de entonces en Etiopía, halla el mismo principio en los medios locales españoles que no desean cubrir el Caso Gürtel. Por lo tanto, el libro “no es un cuento de hadas”, como afirma. Así, compara El Emperador con El Príncipe de Maquiavelo.

“Occidente no es inocente y tiene una participación muy activa en la consolidación del poder de Selassie”, emplea como introducción a todo un maestro de la manipulación, para contar la influencia inglesa en la creación de este dictador, maestro equilibrista en materia política, y las posteriores intromisiones interesadas de Occidente. Explica la forma de manipular a la opinión pública occidental que le consideraba desarrollista, como en el pasaje en el que sustituye una peculiar e injusta forma de linchamiento de los ladrones el antiguo régimen por el ahorcamiento.

Preguntado sobre la última biografía de Kapuscinski, Kapuscinski Non-Fiction, de Pael Szwed el doctor Darío Torres se ha encendido, mencionando que el autor habría traicionado la amistad y el nombre del periodista, y retándole a invitarle al próximo seminario: “todavía no lo he leído, pero tendré su libro totalmente diseccionado”. Enfrentado a argumentos que arrojan una visión más positiva de la labor del biógrafo, como que no había mencionado el nombre de una supuesta amante del periodista cuando podría haberlo hecho, el profesor de la UNED respondió que tener amantes no afecta para nada al desarrollo de la carrera profesional.