Posts Tagged ‘Crisis de la prensa’

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Elige, blanco o negro

06/01/2010

Esta es la cuarta entrada sobre cinco capítulos del libro Los elementos del periodismo. En este caso, trata sobre el séptimo capítulo, “El periodismo como foro público”.

Llama la atención el fenómeno simplificador de las nuevas tecnologías. Como defendió Michael Crichton, la tendencia a polarizar el debate en dos posiciones totalmente enfrentadas a las que hay que adscribirse (excluyendo todo término medio) expulsa a la audiencia, hace que ya no sienta suyo el debate. A esto lo llamó, en un artículo, el Síndrome del Fuego Cruzado (Crossfire Syndrome). Se trata de un fenómeno propio de internet sacado de los chats, como también defiende.

Y es que, como defiende Deborah Tannen en su libro “La cultura de la polémica“, en la cultura occidental siempre se ha dado este tipo de discurso agresivo, que acerca toda discusión más al terreno de las disputas hogareñas que a una búsqueda de problemas real.

No ayuda la cantidad de programas de debates espurios que parecen la norma en vez de una aberración, y los ataques ad hominem se multipliquen, argumentos maniqueos sin base lógica, otra que la falta de verdaderos argumentos.

¿Cómo invertir esta tendencia? ¿Cómo evitar que los propios argumentos, y no la verdad, se conviertan en la base para estas reyertas callejeras o trifulcas de patio de colegio? Periodistas más activos.

Los autores defienden que ser un periodista independiente no entraña ser indiferente ante las tertulias que, por lo barato y poco veraz, contaminan el espacio informativo en la actualidad. Un periodista indiferente no es diferente de aquel periodista nihilista del que ya hemos hablado. El periodista pasivo de Mario Muchnik que, en este caso, ante la inmediatez y facilidad con que se conecta a las diversas partes gracias a las nuevas tecnologías, decide sentarse a ver que pasa, y reñir si la sangre llega (literalmente) al río.

El periodismo de verdad ha de hacer reflexionar e informar sobre asuntos que conciernen realmente. La importancia de un periodista con un papel activo, mediador, que sepa destapar las argucias y esclarecer la verdad de los argumentos, lejos de haber desaparecido, ha aumentado.

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¡Divorcio ya!

30/12/2009

Prosigo con el análisis de otro capítulo de Los elementos del periodismo, esta vez “Periodismo de verificación”. Este epígrafe sigue desarrollando la idea de un lector activo, no pasivo, que juzga las informaciones suministradas por los periodistas, y que sabe que estas raramente vislumbran la verdad, ni siquiera parte de ella.

Para recuperar la confianza del lector, los autores defienden la idea de objetividad. No del propio periodista (ya que, como señalan, ese “lenguaje neutro” que se emplea para dar tintes de veracidad a una historia sólo ayuda a enmascarar la verdad), sino de su método de obtención de información.

Entre otras medidas, sugieren tratar tanto al lector como a las propias fuentes de forma honesta, hacer saber de dónde se ha obtenido la información y si esta fuente sería interesada, no añadir nada ni incluir comentarios espurios…

También evoca una noción interesante con respecto a las nuevas tecnologías, como internet, y es que una vez una información sale a la luz, se multiplica en el resto de medios, medios que no se molestan en verificar si es cierta. Esta rama de la infoxicación hace más fácil el engaño. Como ejemplo, este artículo, totalmente falso. Frente a estos peligros, los autores llegan a la misma conclusión que Alfons Cornella en su escrito “Cómo sobrevivir a la infoxicación”: El periodista ha de ser cada vez más crítico, juzgar siempre la información y no convertirse en un receptor pasivo más que un emisor.

Los autores parten de que el periodista efectúa una labor social, informar. Todos los medios deberían aplicarlo. El problema es que los periodistas efectúan esa labor social ateniéndose a una serie de factores que lo condicionan. No puede trabajar sin recibir dinero a cambio (en eso se basa el capitalismo). Si un periodista estubiera sufragado por algún gobierno, dudaríamos (y con razón) de la objetividad de sus escritos.

Igual pasa con las grandes empresas de medios. Éstos tienen sus intereses, que son ganar dinero de forma rentable: intereses económicos, no sociales. No son diferentes de las naciones y gobiernos, que se declaran la guerra y atacan entre ellos empleando, para ello, sus peones, los redactores. La tesis de los autores de Los Elementos… es que aumentar la calidad sustenta el periodismo, pero… ¿Hemos preguntado a nuestros allegados si compran el periódico?

Yo sí, y la mayor parte de las respuestas se pueden sintetizar en un “yo consulto la edición online, y sólo leo los titulares”.  Además, ya sabemos que cada uno compra su periódico, afín a su ideología. Desde el punto de vista  de un empresario, ¿qué se obtiene gastando más recursos y tiempo que la competencia verificando información?

Exacto, no obtienes nada. Haría falta una revisión general de la práctica del periodismo, pero, sujeto a unas directrices ajenas, éste no puede evolucionar. Parece que debamos dejar el buen periodismo en manos de voluntarios, más interesados por dar la información que por comer al día siguiente.

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No Donny, esta gente son nihilistas, no hay nada que temer

21/12/2009

Esta es la primera de una serie de insulsas entradas Los elementos del periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel. En cada una de ellas se reflexionará sobre un capítulo concreto. En este caso, el tercero, titulado “Para quién trabaja el periodista”.

Este epígrafe se puede resumir en estas ideas: La aplicación de criterios empresariales ha alejado a los periodistas de los ciudadanos, con la pérdida de confianza de estos últimos en los primeros. Y era esta confianza la que cimentaba el negocio. Todo intento ajeno al periodismo sólo empaña la relación y colabora a deteriorar la situación económica de la empresa informativa. Porque los clientes del periodista no son los lectores, sino los anunciantes que se valen del vínculo entre periodista y lector.

Pero no hay que olvidar que las empresas periodísticas siguen siendo eso, empresas. Por ello, los autores establecen una serie de medidas. Las más significativas son la identificación de los directivos, de los responsables económicos de la empresa, con los ideales periodísticos, el control último de los redactores sobre sus escritos y manifestarse ante el público, hacerle saber sus criterios claramente, sanear la relación periodista-lector (u oyente, o espectador).

Pero hay un fenómeno que me interesa especialmente: el periodista nihilista. Si, como dice Rosa María Alfaro Moreno en su ensayo Periodismo y ética en compromiso con la sociedad, se produce un fenómeno de anomía en el público (alienación con respecto a la sociedad) por despreciar las opciones contrarias y adscribirse únicamente a las afines, en los periodistas se produce algo parecido, pero de signo contrario.

El periodista pierde sus ideales, no cree en nada y en vez de centrarse en el qué de las cuestiones políticas, de los actos mismos de los políticos, se lanza a divagar en los porqués, aportando opiniones gratuitas. Se centra en las vidas privadas de los políticos, y no en las acciones de la política que interesan realmente a los ciudadanos. Se aisla, así, de los lectores.

Los periodistas, cada vez más distantes, tratan a la audiencia como un simple consumidor, que demuestra su consonancia comprando o dejando de adquirir el periódico. Se centra, pues, en vender, olvidando el compromiso para con el ciudadano.

Y esta falta de ideales es la causa última del mal estado del periodismo, lo que suscita la pérdida de confianza del público.  Es necesario un periodista conducido por el afán a la verdad y la lealtad al lector, que no se sienta cohibido por presiones externas, como afirma María Teresa La Porte.

El problema es que , frente a la crisis económica que ha venido a agravar aún más la del periodismo, es difícil defender valores que menoscaban la finaciación del medio, la publicidad. Y un profesional aislado, defendiendo sus ideales, no hace sino poner su empleo en peligro.

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La convergencia. La respuesta… para el empresario

09/12/2009

¿Qué es la convergencia?

Es un proceso facilitado por la implantación de las nuevas tecnologías digitales, que favorece la integración de personal, formas de trabajo, lenguajes, medios y redacciones diferentes.

En un breve fragmento de un estudio sobre la convergencia de medios, realizado por varios estudiosos especializados en periodismo (que analiza, por parte española, La Verdad Multimedia y El Mundo), podemos aprender sobre este fenómeno de renovación del periodismo.

Este proceso dista de ser homogéneo, pero podemos distinguir tres modelos (o, mejor dicho, etapas): la coordinación entre soportes aislados, la colaboración entre redacciones y la integración total.

En el primer caso, las redacciones de los distintos medios que cubre una empresa informativa no están intercomunicados. A veces pueden coordinarse, pero no existe una iniciativa activa en ese sentido. Una muestra es Der Standard en Viena.

En la colaboración entre redacciones, éstas son diferentes, pero existe la figura de coordinadores multimedia o formas de trabajo que llevan a intercambiar información y redactores. La Verdad  y el alemán HNA son claros ejemplos.

En el caso de la integración total, la redacción es única, con una formación multimedia y un sistema de trabajo centralizado. Die Welt es el mayor paradigma de esta etapa.

Pero, ¿por qué viene a cuento la convergencia?

Los nuevos medios digitales están cambiando nuestra forma de ver el mundo, nuestros gustos, y, con estos cambios estructurales, ahora agravados por la crisis, los medios informativos deben ajustarse a la demanda.

Poniendo en marcha este proceso en cada redacción, se logran dos objetivos: aumentar la calidad de los contenidos y reducir las plantillas de redactores, recortando costes.

Y eso está muy bien, ¿no? Menos y mejor. Una buena solución para el empresario. Malos tiempos para ser estudiante de Periodismo. Si ya han perdido trabajo más de 5000 profesionales debido a la crisis económica, sólo faltan reducciones de plantilla por cambios estructurales.

No es un grito reaccionario, ya que es lo que los tiempos mandan, la cara menos amable de la moneda. Porque renovarse y evolucionar es algo positivo, pero a veces cabe pararse a reflexionar sobre los efectos colaterales que estos procesos, acarrean.

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El periodismo ha muerto. ¡Larga vida al nuevo periodismo!

14/10/2009

El rápido desarrollo de internet, con la web 2.0 y el consiguiente advenimiento de los portales de información gratuitos ha causado mucho daño al periódico de papel. La fuga de lectores hacia estos medios digitales es alarmante, prueba de que el modelo de consumidor de información está cambiando.

Hasta ahora, la información siempre había sido tratada como mercancía más. Pero, gracias a la inmediatez de internet, ésta se considera ahora volátil y accesible. Antes de pagar para informarse,  el lector sólo tiene que conectarse a internet, si es que dispone de conexión (caso harto probable). Los blogueros más avezados ganan prestigio y devienen gurús de la información, y cualquier ciudadano puede ser periodista.

El periodismo se enfrenta a una renovación forzosa: si las ventas de los periódicos caen y la publicidad en internet no es lo suficientemente provechosa, es hora de encontrar nuevas fuentes de financiación.

A The Wall Street Journal le funciona emplear la suscripción a su web, pero se trata de un modelo engañoso, ya que es un diario especializado. El País es un claro ejemplo de periódico generalista que ha fracasado estrepitosamente al implantar esta medida. La empresa Plastic Logic está desarrollando un e-newspaper, una suerte de kindle con aspecto de diario. Y, con éste, podría llegar una forma de micropagos parecida a I-Tunes. Pero las noticias siguen siendo demasiado fugaces. No son inmortales, como las canciones.

Será difícil encontrar una solución aun sorteados los obstáculos de la crisis económica. Pero, aunque haya demasiada competencia, tengamos en cuenta que ésta no trae necesariamente consigo una mayor calidad. Con verdaderos profesionales de la información que sean versátiles, arrojados y trabajadores y cabeceras que adapten su contenido a lo que realmente desee el consumidor (como The Guardian), nunca lo contrario, el periodismo tiene un futuro, si bien cargado de incertidumbre y muchos despidos, asegurado.

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Un periodista convergente, hiperlocal y con delirios multimedia varios

08/10/2009

Ya llevamos un tiempo con la cuenta atrás de la fecha de ejecución de los periódicos impresos. No es de extrañar, cuando los ingresos de tanto las ventas como de la publicidad de estas publicaciones está cayendo en picado. El agotamiento de la fórmula tradicional de la empresa periodística es tan grave y generalizado que ya hay incluso un “reloj de la muerte” del periódico (con la lista de los que han pasado a mejor vida). Incluso podemos encontrar eco en el Twitter.

La prensa local, debido a su reducida distribución, es aún más vulnerable que los periódicos de escala nacional. Sin embargo, hace poco se publicó en la edición online del Wall Street Journal un artículo que indicaba que el método hiperlocal puede salvar un pequeño (y modesto, hay que decirlo) periódico. Es cierto que en muchos casos la prensa de tirada más extensa (y, por ende, más general) contiene más información regional que los llamados periódicos locales, debido a la notable falta de recursos de estos últimos. Concentrarse en el entorno más inmediato puede surtir efecto para estas pequeñas redacciones. Pero también se puede ir más allá y, en aras de aumentar el margen de beneficios recortando costes, publicar estas noticias en un portal online. De hecho, no faltan ejemplos.

Pero separar forzosamente el medio impreso del digital es contraproducente. ¿Por qué mantener únicamente la edición impresa cuando el negocio está en declive? ¿Por qué abandonarla totalmente por una publicación online cuando  todavía es más o menos rentable? La mejor opción es la convergencia de medios. Reunir ambas redacciones para que trabajen conjuntamente, sin pisarse ni otorgar privilegios a un formato u otro, educando periodistas multimedia, todoterreno.

En definitiva, el correcto empleo de nuevos soportes digitales, la información hiperlocal y la interacción con un cliente cada vez más exigente e informado supondrá el éxito o el fracaso de un periódico en un futuro inmediato, tanto local como nacional.

Para aquel periodista que esté dispuesto a recoger el guante y empezar a practicar casi desde cero este nuevo periodismo, ahí va una pequeña ayuda.