Posts Tagged ‘Periodismo de investigación’

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Un emperador bifaz

26/05/2010

Ya han pasado 32 años desde que Ryszard Kapuściński (en este mismo blog el lector encontrará la cobertura del II Seminario sobre su persona en la UMH), publicara El Emperador.

En él, el maestro mezcla un conjunto de declaraciones de personajes variopintos de la corte del emperador Haile Selassie, que reinó en Etiopía desde 1913 a 1974, cuando fue obligado a abdicar por el Derg, la junta comunista que se instauró y gobernó en Etiopía de 1974 a 1987.

En la obra, Kapuscinski hilvana un discurso sobre la caída de un régimen de corte feudalista y corrupto, intercalando personalidades dispares que van desde su fiel ayuda de cámara y ayudantes de ministros hasta curiosos y exóticos trabajadores de la corte, como el cojinero, el lacayo de la tercera puerta (sic), o el encargado del mortero (que disparaba nubes de pañuelos con el rostro del dirigente). Junto a sus puntos de vista, siempre favorables y plagados de comentarios en deferencia al (por entonces) recientemente difunto emperador, el periodista incluye fragmentos que resumen largas conversaciones, contextualizan el discurso o aclaran fechas y acontecimientos.

De esta forma, el difunto periodista consigue congelar un modo de vida en el tiempo, tomar una extraña y alienígena foto literaria que refleja un modo medieval de organizar el poder y la sociedad. Los gerifaltes se pelean por ser mencionados cuantas más veces mejor, cerca del nombre del emperador, y extorsionan a los pobres sirvientes encargados de ordenar el cortejo para viajes internacionales. Haile Selassie no sabe escribir, y hace uso del Ministro de la Pluma, que transcribe sus órdenes y actúa de cabeza de turco en caso de que esas disposiciones sean especialmente impopulares. En la Sala Dorada, Haile Selassie sopesa cualquier gasto superior a los diez dólares (de reparar el coche de un ministerio a cambiar una cañería, como afirma un entrevistado) y el ministro de Hacienda reparte el dinero de un saquito de dinero (siempre menos de lo necesitado).

Pero el mayor mérito de El Emperador radica en que aborda un personaje polémico lleno de contradicciones. Como se afirma en las páginas, “en aquellos años existían dos imágenes de Haile Selassie”.

Uno era el Halie Selassie que había combatido contra los fascistas de Mussolini en la Segunda Guerra Mundial. Un hombre sensible que luchaba por sacar a Etiopía del subdesarrollo, el prototipo de gobernante de la África negra. Un emperador al que veneraban sus súbditos, que pensaban que de su boca nunca habría surgido un edicto cruel o injusto, y que se agolpaban para conseguir imágenes de esta suerte de deidad.

De hecho, es un hombre que todavía figura como un dios viviente en la religión Rastafari. No en vano, su nombre original era Ras Tafari Makonnen, de ahí el término “Rastafari”. En ella, se le tiene, como supuesto descendiente de Salomón, como el elegido que cumplió la predicción del fundador de la religión, Marcus Garvey (“Mira haca África para la coronación de un Rey Negro, él será el Redentor”).


Por otro, tenemos a un soberano obsesionado consigo mismo, dedicaba los magros y escasos recursos de una nación pobre en proyectos faraónicos con el único fin de ser recordado. Un hombre cuyo único propósito eras mantenerse en el poder, para lo cual nutría y colmaba de favores a una élite aristócrata, de quienes elegía a los menos aptos pero más fieles para ocupar las carteras de los ministerios. De ellos se esperaba una “sana codicia”, una natural hambre por llenarse los bolsillos, eso los hacía predecibles y dóciles. Sobre ellos caía la responsabilidad de las peores decisiones tomadas por el emperador.

De hecho su caída se produjo por esta avaricia instalada en lo más profundo de su anticuado sistema. En el verano de 1973, Jonathan Dimbleby, con su película El hambre oculta, denunció los cientos de miles de muertes por desnutrición debido a la mala cosecha. Cuando llegó la ayuda internacional, descubrieron la terrible realidad: Sí que había comida suficiente, pero los terratenientes habían requisado la cosecha a los campesinos como tributo sin dejarle nada a los campesinos. Mientras, los especuladores sacaron provecho de la situación aumentando los precios. De esta forma, los mercados estaban a rebosar, mientras que los ciudadanos morían sin poder comprar aquella comida que ellos mismos habían cultivado.

Ahí comenzó el desgaste moral del régimen, que Kapuscinski sabe narrar (y aquí está la mayor virtud de la obra) de manera que saque a la luz el conflicto entre las dos vertientes de un Selassie que conocía las debilidades e injusticias de su sitema político y social, pero que no podía ceder el poder, aferrándose patológicamente a él. Un Selassie que, aunque duro con los primeros brotes de rebelión, termina dejándose vencer, abandonando a su nutrido grupo de cortesanos, incluso proclamándose revolucionario, con tal de hacer parecer, aunque nadie lo crea, que sigue en la cresta de la ola que es el poder: “Si la revolución es buena para el pueblo, estoy a favor de la revolución”.

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Una fuente reticente

05/01/2010

Jeffrey Wigand no era una fuente fácil. Reticente, dubitativo. Se jugaba el futuro, pero debía informar del daño que causaba el tabaco. Trabajaba para Brown & Williamson una (por suerte) extinta empresa tabacalera. Hasta él llegaba Lowell Bergman, periodista de la CBS, del programa 60 minutes, guiadoesta vez por un documento anónimo (al contrario que en el caso Watergate, en el que una fuente anónima lleva a descubrir varios documentos).

Pese a muchas reticencias, Wigand le concede una entrevista, que la CBS se niega a transmitir, debido a las presiones financieras (una posible fusión con la compañía tabacalera). He aquí un ejemplo del poder de “empresa” sobre el binomio “empresa periodística” del que ya hemos hablado en otras ocasiones. La redacción, pues, tiene a alguien por encima, ajeno a los criterios peridísticos. Es el control de los medios de comunicación, subyugados por los criterios económicos.

Se trata de un caso paradigmático que muestra la evolución del periodismo según han crecido los grandes conglomerados de la información. De propietarios individuales, con más libertad, hemos pasado al control directo por parte de poderes ajenos con ética distinta a la que debería tener un periodista.

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No sólo Garganta Profunda

05/01/2010

En el caso Watergate, la fuente más importante, sin duda alguna, para Woodward y Bernstein fue Graganta Profunda, Mark Felt. Se trataba de una fuente anónima y algo vciada, pues, como declaró Woodward, “sólo sentía desprecio” hacia la administración de Nixon, y actuó movido por su sentido del deber. Sin embargo, sus confidencias llevaban a pruebas tangibles, documentales, que era la base casi jurídica de esta acusación a Nixon.

La organización de la redacción en el Washington Post era clásica, vertical, en la que el director Ben Bradlee, reunido con el consejo editorial, decidía cuales iban a ser las noticias del día. Sin embargo, su relación especial, directa, con los dos famosos periodistas permitía una gran flexibilidad.

Pese a toda la parafernalia hollywoodiense de fuentes anónimas, códigos secretos y reuniones propias de una película de espías, el afán del director por presentar sólo pruebas tangibles, documentales, fue la clave para construir un reportaje de investigación modélico. Y esas fuentes documentales es de lo que va realmente el periodismo de verdad, no los rumores vagamente soslayados.