Posts Tagged ‘Periodismo empresarial’

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Una fuente reticente

05/01/2010

Jeffrey Wigand no era una fuente fácil. Reticente, dubitativo. Se jugaba el futuro, pero debía informar del daño que causaba el tabaco. Trabajaba para Brown & Williamson una (por suerte) extinta empresa tabacalera. Hasta él llegaba Lowell Bergman, periodista de la CBS, del programa 60 minutes, guiadoesta vez por un documento anónimo (al contrario que en el caso Watergate, en el que una fuente anónima lleva a descubrir varios documentos).

Pese a muchas reticencias, Wigand le concede una entrevista, que la CBS se niega a transmitir, debido a las presiones financieras (una posible fusión con la compañía tabacalera). He aquí un ejemplo del poder de “empresa” sobre el binomio “empresa periodística” del que ya hemos hablado en otras ocasiones. La redacción, pues, tiene a alguien por encima, ajeno a los criterios peridísticos. Es el control de los medios de comunicación, subyugados por los criterios económicos.

Se trata de un caso paradigmático que muestra la evolución del periodismo según han crecido los grandes conglomerados de la información. De propietarios individuales, con más libertad, hemos pasado al control directo por parte de poderes ajenos con ética distinta a la que debería tener un periodista.

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La guerra es paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es poder.

05/01/2010

El Gran Hermano te vigila.

Después de leer el sexto capitulo de Los elementos del periodismo, “Vigilar y dar voz al que no la tiene”, no puede uno sino pensar en que, cada vez más, el propio periodsimo ha de ser vigilado.

La creación de grandes conglomerados empresariales, que absorben empresas informativas resta mucha credibilidad y libertad de acción al periodista. ¿Para qué tirar piedras contra tu propio tejado? La información que transmitan, por tanto, corre gran riesgo de estar, si no viciada, cuidadosamente “seleccionada”.

Como los autores adelantan, la tecnología ayuda a vigilar tanto a los organismos públicos como a los medios de comunicación, incluso permie competir con ellos. Sin embargo, es paradójico que un periodista vigile a otro ¿no?

Parece que el periodista independiente es cosa del pasado, pero existen tímidas y embrionarias iniciativas, como TomPaine.com, que, sin afán de lucro, investiga lo que los medios comerciales dan de lado, o la Fund for Investigative Journalism, que otorga becas a aquellos periodistas freelance que no estén amparados por una gran empresa informativa. El problema de estos métodos es que son sin afán de lucro y/o dependen de subvenciones filantrópicas. Véase: nada que ver con el mercado. El flujo de capital puede cortarse y dejar el periodismo de investigación de verdad, el crítico, aquel que vigila las injusticias de los gobiernos, en la estacada.

El Campaign Study Group, de Dwight Morris, investiga campañas electorales y temas políticos y económicos varios en profundidad para otros medios, de los que se lucra, pero se trata de un servicio muy especializado que no garantiza la independencia para la  matoría de periodistas.

Además, ambas soluciones necesitan del interés de la opinión pública y, para que llegue a ella, de los medios comerciales de los que estas medidas huyen. Y, si despiertan el suficiente interés, bien pueden verse absorbidas y volver al redil, a la dictadura del capital.

Mientras los grandes medios opten por mirarse el ombligo y emplear infoentretenimiento en aras de la audiencia y las tímidas iniciativas en aras de la independencia periodística no terminen de cuajar la independencia del periodismo tiene un futuro muy negro.

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¡Divorcio ya!

30/12/2009

Prosigo con el análisis de otro capítulo de Los elementos del periodismo, esta vez “Periodismo de verificación”. Este epígrafe sigue desarrollando la idea de un lector activo, no pasivo, que juzga las informaciones suministradas por los periodistas, y que sabe que estas raramente vislumbran la verdad, ni siquiera parte de ella.

Para recuperar la confianza del lector, los autores defienden la idea de objetividad. No del propio periodista (ya que, como señalan, ese “lenguaje neutro” que se emplea para dar tintes de veracidad a una historia sólo ayuda a enmascarar la verdad), sino de su método de obtención de información.

Entre otras medidas, sugieren tratar tanto al lector como a las propias fuentes de forma honesta, hacer saber de dónde se ha obtenido la información y si esta fuente sería interesada, no añadir nada ni incluir comentarios espurios…

También evoca una noción interesante con respecto a las nuevas tecnologías, como internet, y es que una vez una información sale a la luz, se multiplica en el resto de medios, medios que no se molestan en verificar si es cierta. Esta rama de la infoxicación hace más fácil el engaño. Como ejemplo, este artículo, totalmente falso. Frente a estos peligros, los autores llegan a la misma conclusión que Alfons Cornella en su escrito “Cómo sobrevivir a la infoxicación”: El periodista ha de ser cada vez más crítico, juzgar siempre la información y no convertirse en un receptor pasivo más que un emisor.

Los autores parten de que el periodista efectúa una labor social, informar. Todos los medios deberían aplicarlo. El problema es que los periodistas efectúan esa labor social ateniéndose a una serie de factores que lo condicionan. No puede trabajar sin recibir dinero a cambio (en eso se basa el capitalismo). Si un periodista estubiera sufragado por algún gobierno, dudaríamos (y con razón) de la objetividad de sus escritos.

Igual pasa con las grandes empresas de medios. Éstos tienen sus intereses, que son ganar dinero de forma rentable: intereses económicos, no sociales. No son diferentes de las naciones y gobiernos, que se declaran la guerra y atacan entre ellos empleando, para ello, sus peones, los redactores. La tesis de los autores de Los Elementos… es que aumentar la calidad sustenta el periodismo, pero… ¿Hemos preguntado a nuestros allegados si compran el periódico?

Yo sí, y la mayor parte de las respuestas se pueden sintetizar en un “yo consulto la edición online, y sólo leo los titulares”.  Además, ya sabemos que cada uno compra su periódico, afín a su ideología. Desde el punto de vista  de un empresario, ¿qué se obtiene gastando más recursos y tiempo que la competencia verificando información?

Exacto, no obtienes nada. Haría falta una revisión general de la práctica del periodismo, pero, sujeto a unas directrices ajenas, éste no puede evolucionar. Parece que debamos dejar el buen periodismo en manos de voluntarios, más interesados por dar la información que por comer al día siguiente.

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No Donny, esta gente son nihilistas, no hay nada que temer

21/12/2009

Esta es la primera de una serie de insulsas entradas Los elementos del periodismo, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel. En cada una de ellas se reflexionará sobre un capítulo concreto. En este caso, el tercero, titulado “Para quién trabaja el periodista”.

Este epígrafe se puede resumir en estas ideas: La aplicación de criterios empresariales ha alejado a los periodistas de los ciudadanos, con la pérdida de confianza de estos últimos en los primeros. Y era esta confianza la que cimentaba el negocio. Todo intento ajeno al periodismo sólo empaña la relación y colabora a deteriorar la situación económica de la empresa informativa. Porque los clientes del periodista no son los lectores, sino los anunciantes que se valen del vínculo entre periodista y lector.

Pero no hay que olvidar que las empresas periodísticas siguen siendo eso, empresas. Por ello, los autores establecen una serie de medidas. Las más significativas son la identificación de los directivos, de los responsables económicos de la empresa, con los ideales periodísticos, el control último de los redactores sobre sus escritos y manifestarse ante el público, hacerle saber sus criterios claramente, sanear la relación periodista-lector (u oyente, o espectador).

Pero hay un fenómeno que me interesa especialmente: el periodista nihilista. Si, como dice Rosa María Alfaro Moreno en su ensayo Periodismo y ética en compromiso con la sociedad, se produce un fenómeno de anomía en el público (alienación con respecto a la sociedad) por despreciar las opciones contrarias y adscribirse únicamente a las afines, en los periodistas se produce algo parecido, pero de signo contrario.

El periodista pierde sus ideales, no cree en nada y en vez de centrarse en el qué de las cuestiones políticas, de los actos mismos de los políticos, se lanza a divagar en los porqués, aportando opiniones gratuitas. Se centra en las vidas privadas de los políticos, y no en las acciones de la política que interesan realmente a los ciudadanos. Se aisla, así, de los lectores.

Los periodistas, cada vez más distantes, tratan a la audiencia como un simple consumidor, que demuestra su consonancia comprando o dejando de adquirir el periódico. Se centra, pues, en vender, olvidando el compromiso para con el ciudadano.

Y esta falta de ideales es la causa última del mal estado del periodismo, lo que suscita la pérdida de confianza del público.  Es necesario un periodista conducido por el afán a la verdad y la lealtad al lector, que no se sienta cohibido por presiones externas, como afirma María Teresa La Porte.

El problema es que , frente a la crisis económica que ha venido a agravar aún más la del periodismo, es difícil defender valores que menoscaban la finaciación del medio, la publicidad. Y un profesional aislado, defendiendo sus ideales, no hace sino poner su empleo en peligro.